Temperatura del suelo-Influencia en el sistema radicular

En la monitorización agrícola moderna es cada vez más habitual disponer de sensores que registran variables del suelo como la humedad o la temperatura del suelo. Sin embargo, mientras que la humedad del suelo suele interpretarse con relativa facilidad, la temperatura del suelo es un dato que muchas veces se registra, pero se utiliza poco.

Interpretar la temperatura del suelo

No es algo que los agricultores sepan manejar, esto se debe en parte a que su significado agronómico no siempre resulta evidente. A diferencia de otras variables, la temperatura del suelo no indica directamente un estado de estrés o una necesidad de riego. Sin embargo, —y especialmente cuando se mide a distintas profundidades del perfil— es un indicador clave del funcionamiento biológico y fisiológico del sistema suelo–planta.

Comprender qué nos indica la temperatura del suelo permite interpretar procesos como:

  • La actividad biológica.
  • La mineralización de nutrientes.
  • El desarrollo radicular, especialmente cuando se analiza conjuntamente con la humedad del suelo.

El suelo como sistema dinámico

El suelo no es un medio homogéneo. A medida que descendemos en el perfil cambian las condiciones físicas, biológicas y térmicas.

Sensor de temperatura del suelo

Las capas más superficiales del suelo están más expuestas a:

  • La radiación sola.
  • Las variaciones de temperatura del aire.
  • Y a los cambios de humedad.

En cambio, las capas más profundas presentan una mayor estabilidad térmica, funcionando como un sistema con mayor inercia.

Esta diferencia hace que la temperatura del suelo no sea igual en todo el perfil. Por ello, medir la temperatura a diferentes profundidades permite observar cómo se transmite el calor dentro del suelo y cómo responde el sistema edáfico a las condiciones ambientales.

Uno de los aspectos más importantes de la temperatura del suelo es su relación con la actividad biológica del sistema edáfico, conjunto de componentes y procesos relacionados con el suelo que permiten el desarrollo de la vida vegetal y afectan al funcionamiento de los ecosistemas terrestres.

El suelo alberga una enorme diversidad de organismos —bacterias, hongos, actinomicetos y fauna edáfica— responsables de procesos esenciales como:

  • Descomposición de residuos vegetales.
  • Formación de materia orgánica estable.
  • Transformación de nutrientes.
  • Estructuración del suelo.

La intensidad de estos procesos depende principalmente de dos factores: temperatura y humedad.

En términos generales, la actividad biológica comienza a ser significativa a partir de aproximadamente 12–15 °C, aumenta progresivamente entre 15 y 25 °C, y alcanza su mayor intensidad en torno a 20–30 °C, siempre que exista humedad suficiente.

Por debajo de estos valores, los procesos metabólicos del suelo se ralentizan y la transformación de materia orgánica y nutrientes ocurre de forma más lenta.

Influencia sobre el sistema radicular

Sensor de temperartura

La temperatura del suelo también condiciona directamente el desarrollo del sistema radicular.

Las raíces requieren un rango térmico adecuado para crecer y absorber nutrientes de forma eficiente. Cuando el suelo se encuentra frío, especialmente por debajo de 12–15 °C, el crecimiento radicular y la absorción de nutrientes se reducen de forma notable.

En cambio, en rangos comprendidos aproximadamente entre 15 y 25 °C, el sistema radicular suele presentar su mayor eficiencia funcional.

Esto explica por qué en muchas ocasiones los cultivos responden poco a la fertilización cuando el suelo todavía permanece frío, especialmente al inicio de la primavera.

Temperatura y mineralización del nitrógeno

Otro proceso muy influenciado por la temperatura del suelo es la mineralización del nitrógeno.

Gran parte del nitrógeno presente en el suelo se encuentra en formas orgánicas que deben transformarse mediante procesos biológicos para poder ser absorbidas por las plantas. Esta transformación depende de la actividad microbiana, que a su vez está regulada por la temperatura y la humedad del suelo.

Cuando el suelo permanece frío, la mineralización es lenta y la liberación de nitrógeno disponible es reducida. A medida que la temperatura aumenta —generalmente a partir de 15–20 °C— la actividad biológica se intensifica y la disponibilidad de nitrógeno puede incrementarse de forma notable.

En muchos sistemas agrícolas actuales, especialmente en regadío, el nitrógeno se aplica mediante fertirrigación en forma de nitrato (NO₃), amonio (NH₄) o combinaciones de ambos.

Aunque estas formas de nitrógeno ya están disponibles para la planta, la temperatura del suelo sigue influyendo de forma importante en su comportamiento dentro del sistema suelo–planta.

La absorción de nitrógeno por las raíces depende en gran medida de la actividad metabólica de la planta. Cuando la temperatura del suelo es baja, el sistema radicular reduce su actividad y la capacidad de absorción disminuye.

Por este motivo, en suelos fríos es habitual observar que el nitrógeno aplicado mediante fertirrigación no es aprovechado con la misma eficiencia, incluso cuando se encuentra en formas disponibles como nitrato o amonio.

En cambio, cuando el suelo se encuentra en rangos térmicos más favorables —aproximadamente entre 15 y 25 °C— el sistema radicular funciona con mayor intensidad y la absorción de nutrientes suele ser más eficiente.

Transformaciones del nitrógeno en el suelo

Además de la absorción por la planta, el nitrógeno aplicado también puede sufrir transformaciones en el suelo.

El amonio (NH₄) puede transformarse en nitrato mediante el proceso de nitrificación, que es llevado a cabo por bacterias del suelo. Este proceso también depende de la temperatura y la humedad.

En general:

  • A temperaturas bajas, la nitrificación es lenta.
  • A medida que la temperatura aumenta, la actividad de las bacterias nitrificantes se incrementa y el amonio se transforma más rápidamente en nitrato.

Por tanto, la temperatura del suelo influye tanto en la dinámica del nitrógeno en el suelo como en la capacidad de absorción por parte del cultivo.

Gráfica de la medida de la temperatura del suelo. Plantón Forestal, el suelo es un sustrato preparado. Profundidad 15 cm.
Gráfica de la medida de la temperatura del suelo. Plantón Forestal, el suelo es un sustrato preparado. Profundidad 15 cm.

Interpretar la fertilización con ayuda de sensores

Disponer de datos de temperatura del suelo permite contextualizar mejor la gestión de la fertilización nitrogenada.

Por ejemplo, puede ayudar a interpretar situaciones como:

  • Respuestas limitadas del cultivo a la fertirrigación en suelos fríos.
  • Mayor aprovechamiento del nitrógeno cuando el suelo alcanza temperaturas más favorables.
  • Cambios en la dinámica del nitrógeno a lo largo de la temporada.

Cuando estos datos se analizan junto con la humedad del suelo, es posible comprender con mayor precisión el funcionamiento del perfil radicular y ajustar mejor el manejo de riego y fertilización.

Gráficas de la app-web-manager
Gráficas de control de humedad y temperatura

La importancia de medir la temperatura a distintas profundidades

Aunque muchas instalaciones registran la temperatura del suelo a una única profundidad, el verdadero potencial de esta medición aparece cuando se analiza el perfil térmico del suelo, es decir, la temperatura a distintas profundidades.

La posibilidad de medir la temperatura en diferentes capas del suelo permite observar fenómenos muy relevantes desde el punto de vista agronómico:

  • Cómo se calienta el suelo durante la primavera.
  • Cuando y cómo se enfría durante el otoño.
  • Cómo se transmite el calor desde la superficie hacia el interior del perfil.
  • Cuanto y cómo influye la humedad del suelo en la dinámica térmica.

Por ejemplo, las capas superficiales del suelo reaccionan rápidamente a los cambios de temperatura del aire y a la radiación solar. En cambio, las capas más profundas presentan una respuesta más lenta y estable.

Esta diferencia genera lo que se conoce como inercia térmica del suelo, un fenómeno que puede aportar información muy útil sobre la estructura del suelo, su contenido de agua y su funcionamiento biológico.

Qué nos revela el perfil térmico del suelo

Cuando se dispone de sensores a distintas profundidades, es posible interpretar mejor cómo funciona el perfil del suelo.

Un suelo con buena estructura y contenido de materia orgánica suele mostrar una mayor estabilidad térmica, ya que la humedad y la porosidad del suelo amortiguan los cambios bruscos de temperatura.

Por el contrario, suelos muy secos o degradados pueden presentar variaciones térmicas más bruscas, especialmente en las capas superficiales.

Además, el análisis conjunto de temperatura y humedad del suelo permite entender mejor la dinámica del sistema radicular y los procesos biológicos que ocurren en el suelo.

La temperatura del suelo es un parámetro sencillo de medir pero con un gran valor interpretativo en agricultura.

Más que indicar una decisión directa de manejo, permite comprender cómo funciona el sistema biológico del suelo y cómo evoluciona el perfil edáfico a lo largo del tiempo.

Cuando la temperatura se mide a distintas profundidades, su valor aumenta significativamente, ya que permite analizar el comportamiento térmico del perfil del suelo y entender mejor la interacción entre clima, suelo y cultivo.

La interpretación conjunta de temperatura y humedad del suelo abre la puerta a una monitorización mucho más completa del sistema suelo-planta, aportando información valiosa para mejorar el manejo agronómico y la comprensión del funcionamiento del suelo.

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